Por. Dra. Miriam Viridiana Tena García
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022) citado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) define la salud mental como un estado de bienestar en el cual las personas son conscientes de sus propias capacidades, pueden afrontar las tensiones de la vida, trabajar y contribuir con su comunidad (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, 2023).
Si bien la población en general puede llegar a presentar dificultades debido a las etapas de la vida o situaciones que los lleven a presentar algún tipo de trastorno mermando este bienestar, la realidad es que, en la etapa de la adolescencia y juventud, esta problemática llega a verse evidente.
Según la OMS, en 2021 fallecieron más de 1,5 millones de adolescentes y adultos jóvenes de entre 10 y 24 años, es decir, casi 4500 al día, siendo las tasas de mortalidad más elevadas las correspondientes a las del grupo de 20 a 24 años. En estas edades, las mujeres suelen tener tasas más bajas que los varones. (Organización Mundial de la Salud, 2023).
Así mismo, en lo referente a la salud mental, se observa que la depresión y la ansiedad son algunas de las principales causas de enfermedad y discapacidad en los adolescentes, y un número considerable de defunciones de adolescentes de 15 a 19 años son por suicidio, pese a que los trastornos mentales en la edad adulta ya han aparecido a los 15 años, en su mayor parte no se detectan ni se tratan. (Organización Mundial de la Salud, 2023).
Por lo anterior, y ante un reconocimiento de la importancia de trabajar este tipo de trastornos a raíz del confinamiento por la pandemia por COVID-19, se considera la importancia de trabajar programas para el reconocimiento, atención y cuidado de estos trastornos en jóvenes universitarios, buscando factores protectores que les permitan prevenir a atender estos problemas en cuanto a la salud mental.
Se calcula que un 4% de la población mundial padece actualmente un trastorno de ansiedad, mencionando que, en 2019, aproximadamente 301 millones de personas en el mundo tenían un trastorno de ansiedad, lo que los convierte en los más comunes de todos los trastornos mentales.
Aunque existen tratamientos muy eficaces para este tipo de trastornos, solo una de cada cuatro personas que lo necesitan (27,6%), aproximadamente, reciben algún tratamiento.
Entre los obstáculos a la atención figuran la falta de concienciación de que el problema es una afección de salud que puede tratarse, la falta de inversión en servicios de salud mental, la falta de proveedores de atención de salud capacitados y el estigma social. (Organización Mundial de la Salud, 2023).
Ante estos datos, se hace presente la importancia de la Salud Mental y el trabajo en la misma desde una visión integral, que permita desde el campo de psicodiagnóstico, el adecuado manejo de técnicas que favorezcan al avance del consultante resaltando los factores protectores con los que cuenta para sobrellevar los trastornos.
Por lo anterior, la Maestría en Psicología clínica brinda elementos que favorecen el adecuado diagnóstico e intervención acompañado de un enfoque integral que permita el trabajo interdisciplinario con la medicina y la psiquiatría, desarrollando un sentido ético y humano viendo a la persona más allá de la disfuncionalidad.
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