La Guaira, Venezuela.- Entre edificios derrumbados, vehículos sepultados y familias desesperadas, el estado costero de La Guaira vive una de las peores tragedias de su historia reciente tras los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el Caribe venezolano con apenas 39 segundos de diferencia.

No te vayas, no me dejes”, suplica Amir, un adolescente de 16 años que permanece atrapado bajo los escombros del complejo residencial Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande, Catia La Mar. El joven lleva más de 12 horas sepultado parcialmente bajo los restos del edificio, mientras su rostro y parte de su torso permanecen visibles entre los escombros.

“Yo creo que quedo inválido. Cada vez el edificio se pone más pesado”, expresó el estudiante de secundaria y música, quien además desconoce el paradero de su padre, con quien se encontraba al momento del sismo.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró a La Guaira como “zona de desastre natural” debido al elevado número de edificios colapsados y los severos daños registrados en la entidad, considerada hasta el momento la más afectada por los movimientos telúricos.

Desesperación entre los escombros

Mientras la ayuda oficial tarda en llegar, los habitantes de Playa Grande y otras comunidades de La Guaira intentan rescatar a sus seres queridos con sus propias manos.

Los gritos de “¡Ayuda!” y “¡Auxilio!” se escuchan desde los edificios destruidos o a punto de colapsar. Vecinos y familiares recorren las zonas afectadas buscando señales de vida entre los montones de concreto.

En uno de los inmuebles derrumbados, una persona atrapada respondió a quienes la llamaban desde el exterior: “Piso 1”, mientras pedía desesperadamente ser rescatada. Cerca de ella, se encontraba el cuerpo sin vida de una mujer.

En otro punto de la ciudad, decenas de personas buscan a una niña de 11 años llamada Dana, mientras su madre, entre lágrimas, señala el lugar donde podría encontrarse atrapada.

Rescate improvisado

La falta de equipos especializados y maquinaria pesada ha obligado a residentes y cuerpos de seguridad a improvisar labores de rescate con herramientas básicas y esfuerzos humanos.

En otro edificio colapsado, familiares de una mujer identificada como Eva no pierden la esperanza y, entre abrazos y lágrimas, repiten su nombre una y otra vez mientras intentan remover los escombros.

Con el paso de las horas, algunos helicópteros comenzaron a sobrevolar la región, aunque los habitantes aseguran que la ayuda sigue siendo insuficiente ante la magnitud de la tragedia.

La Guaira, una entidad marcada por la devastadora tragedia de inundaciones y deslaves de 1999, enfrenta nuevamente una emergencia que mantiene en vilo a miles de familias y deja un desesperado grito de auxilio que aún espera ser escuchado.