Las secuelas del aislamiento social

Aislamiento social en la actualidad ante COVID-19

Juan Pablo Santos/ Psicólogo 

Aristóteles decía que el ser humano es un ser social por naturaleza, yo creo que hacía referencia a la habilidad y a la necesidad nata con la que nacemos para formar vínculos afectivos y sociales que nos ayuden a asegurar nuestro paso por la vida.

Al paso de los años el pequeño niño que requería de su madre y de su padre para sobrevivir poco a poco va descubriendo un nuevo mundo fuera de casa, muchas veces llamado escuela .

Es ahí donde comprende que al igual que en su hogar, es fundamental generar lazos emocionales no solo con figuras de autoridad sino también con sus iguales ya que al compartir sus miedos, angustias y preocupaciones los niveles de estrés disminuyen considerablemente.

Una vez que ese niño se convierte en adolescente, prácticamente las reglas del juego siguen siendo las mismas lo único que cambian son los jugadores pues el joven ahora busca entre sus semejantes construir su propia identidad.

Tiempo después ese joven ya constituido en una estructura emocional capaz de ser autosuficiente (en el mejor de los casos) comienza una búsqueda para consolidar a futuro su propia pareja o estructura familiar, una vez que logra dicho objetivo la historia tiende a repetirse una y otra vez.

Si analizamos el texto podemos darnos cuenta que a pesar de que no es una ley escrita en piedra, si es la historia de la gran mayoría de las personas que habitamos este mundo y es importante resaltar la necesidad que tenemos de estar socialmente activos y con una red de amigos y familiares dispuestos a contener nuestras propias caídas emocionales, pero ¿qué es lo que ocurre hoy en día? Esa red se ve amenazada por el distanciamiento social gracias a un invitado no deseado llamado COVID-19.

Las secuelas del aislamiento social son claras: depresión, ansiedad y enojo. No importa cuál sea nuestra posición socioeconómica, nuestra postura política o inclusive la religión que profesamos, en general y como sociedad mexicana nos entristece ver que la situación que parecía inimaginable nos alcanzó.

Seguramente habrá personas que a raíz del estancamiento económico fueron despedidos de sus empleos, otras más estarán atravesando por el proceso de duelo por la muerte de un ser amado. Sin embargo considero que hay una sensación que compartimos la gran mayoría de nosotros: anhelamos la vida como la conocíamos.

Y para hacer más grande esta mezcla de incertidumbre podemos agregar otro ingrediente, el miedo al futuro. Y cientos de personas se preguntarán a diario ¿cuándo terminará esto?, ¿cuántas vidas cobrará?, ¿seré yo la próxima estadística? Hay muchas preguntas y muy pocas respuestas.

Como consecuencia lógica podemos ver que la irritabilidad y el enojo continúan incrementando, que el exceso de convivencia con la pareja, los hijos o cualquier otra persona genera fricciones, sin embargo es importante entender que esto es solo parte del proceso del cual ya vivimos el inicio, estamos viviendo su desarrollo pero que habremos de vivir el final de la mejor manera posible.

Yo siempre he creído que es mejor ver a los problemas de frente y plantear posibles soluciones para que hagan de este proceso no algo más fácil sino algo menos complicado porque creo que no basta con ponernos la camiseta del eterno optimista, ante esta situación dada no pedida lo único que podemos hacer es elegir hacer lo que nos corresponde para construir con los mejores ladrillos a mexicanas y mexicanos con mayor capacidad de resiliencia y un nivel mucho mas elevado de consciencia y sobre todo con una óptica que nos permita ver lo frágil que podemos llegar a ser como especie, no para minimizarnos sino para valorar la vida que tenemos.

Y recuerden algo, suceda lo que suceda, no se abandonarán.

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