El primer motivo por el que los mexicanos con menores recursos, en la informalidad sufren en mayor medida el azote de la inflación es la no alineación entre sus ingresos y la subida de precios: a diferencia de los trabajadores formales, casi tres de cada 10 mexicanos trabajan en el sector estrictamente informal y no cuenta con un mecanismo básico de protección: la revisión salarial. «Dentro del sector formal, el 36% de los trabajadores ve revisado su salario anualmente según lo fijado por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, dependiente del Gobierno federal, y el 64% negocia cara a cara con el patrón», explica Raymundo Tenorio, director de la carrera de Economía y Finanzas del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Quien más quien menos puede, como mínimo, mantener su poder adquisitivo. «En cambio, para quien está en la informalidad, esta revisión —si llega— es mucho más tardía y baja. La inflación es, sin lugar a dudas, su mayor enemigo».

El segundo factor viene por el lado del gasto: los precios de los productos básicos han subido por encima de la inflación promedio. Y la presencia de estos bienes y servicios en la cesta de consumo de los más humildes es muy superior a la de los segmentos más acomodados de la población. En marzo, último mes completo para el que hay datos, el precio promedio de los 80 bienes y servicios que componen la canasta básica [alimentos, vivienda, ropa y calzado, transporte, educación y salud, fundamentalmente] creció a un ritmo a un ritmo del 8%. «Es mucho más que el 5,35% de subida del índice general. Y es la mejor medida para saber cómo les afecta a los más humildes», asevera Tenorio. Todas las previsiones apuntan, además, a que, lejos de amainar, las subidas de precios seguirán al alza en lo que resta de año.

Por último, los más pobres y, en especial, los que trabajan en la informalidad, tienen menor acceso a herramientas financieras para resguardar el valor de sus ahorros. Según los últimos datos disponibles, la mitad de los mexicanos ni siquiera posee una cuenta bancaria; para ellos, proteger sus magros ahorros frente a la subida de precios es misión imposible: su única forma de ahuchar es guardar el dinero bajo el colchón, con la merma que esta lleva aparejada. «Las inversiones, por modestas que sean, retienen valor: una cuenta de ahorro, la compra de una propiedad… Pero eso solo es posible hacerlo si se tiene acceso al mercado financiero», subraya Székely.

Controlar la subida de precios, “la mejor política pública”

¿Qué pueden hacer las autoridades mexicanas para hacer algo más llevadero el día a día de quienes más ven mermado su poder adquisitivo? Con la incertidumbre procedente de Estados Unidos como daga sobre la economía y las finanzas públicas bajo presión, los economistas consultados coinciden en que el margen de maniobra por el lado de los subsidios, la palanca tradicionalmente empleada en muchos países de América Latina, es bajo. “Los apoyos sociales, como el seguro popular —que cubre a aquellas personas que no están afiliadas a la Seguridad Social— o las ayudas que recibe el campo, no son suficientes para hacer frente a la subida de precios”, destaca Raymundo Tenorio, del ITESM. “La mejor política pública no son los subsidios”, concluye Miguel Székely, del CEES. “La mejor política pública es, en realidad, la más básica: lograr controlar la inflación”. Tarea, fundamentalmente, del Banco de México.