No todo lo que brilla es oro y eso también aplica a las redes sociales. Más allá de ser una plataforma de socialización e intercambio de información, hay un lado oscuro que cada vez gana más terreno en el ciberespacio. Con el rumor como una de sus principales armas, lejos de fomentar la participación deliberativa de los ciudadanos, espacios como Facebook y Twitter están siendo usados por gente sin escrúpulos que busca sacar provecho de momentos coyunturales, tales como el aumento a la gasolina.
A raíz de las protestas generadas por el “gasolinazo”, en los últimos días se ha desatado un estado de pánico provocado – al menos en buena parte – desde las redes sociales. Y es que poco antes de que entrara en vigor esta medida, comenzaron a circular rumores que no hicieron más que alimentar el ya de por sí latente malestar social.
Informaciones falsas sobre desabasto inmediato y generalizado de combustible, acompañado por aumentos desorbitados de productos básicos, manifestantes asesinados impunemente por la policía, y hasta un golpe de estado promovido por el mismísimo secretario de la Defensa Nacional, han sido ampliamente compartidas.
Esto es debido a que gran parte de los contenidos que circulan en estos sitios son generados por los propios usuarios, y al no haber ningún tipo de filtro o mediador, literalmente cualquier persona puede subir lo que quiera; sea cierto o falso, útil o inútil, adecuado o inadecuado.
El problema se agrava cuando la mayoría de quienes integran dichas comunidades virtuales carece del más mínimo criterio para evaluar la veracidad de los mensajes que recibe y comparte. Es decir, un usuario desinformado es alguien crédulo y, por tanto, susceptible de ser manipulado. Si a eso se le suma el ya existente – y más que justificado – malestar social, el rumor se convierte en la mecha que detona situaciones como los recientes atracos a diferentes tiendas departamentales y súper mercados.
Ante el panorama oscuro del rumor, es necesario contar con información veraz y oportuna. Para lo cual, se requiere que los usuarios sean un poco más críticos con los contenidos de sus redes sociales. Esto significa, entre otras cosas, no compartir nada, ni actuar de inmediato, sin antes verificar que los datos provengan de una fuente confiable (medios de comunicación serios, autoridades gubernamentales, ONGS…).
Las redes sociales, como cualquier otra tecnología, no son ni “buenas” ni “malas” por sí mismas. Por el contrario, dependen íntegramente del uso que se les dé. En ese sentido, estas plataformas pueden ser herramientas para el desarrollo o el atraso de la ciudadanía, pero eso sólo está en nuestras manos.


































